Saturday, May 24, 2008

Solicitar a tu rival que te azote en la nalga (pero poco, sin crispártela), se le ocurre solamente a un sadomasoquista. Hacerlo, además, apelando a la Constitución, se le ocurre solamente a uno que, además, es cursi. Pero hacerlo desde la certeza de que tu rival no está en disposición de ello, solamente se le ocurre a un socialdemócrata.



Definición de "pelarse la cebolla", según Toro: escupir sin salpicar (o viceversa).



El periódico se rasga hoy las vestiduras, y hace bien, con las leyes de Educación en España, desde la Logse hasta hoy. Considera que esas leyes se pagaron "con el dinero de todos", y que, en consecuencia, los ciudadanos de bien no tenemos porqué sufrir "el frikismo" que generaron entre la plebe. Lástima que el periódico sea el único sujeto (social) que no ha entendido la broma.

Thursday, May 22, 2008

Salió el Corsario de la Mesa Redonda. Valiente cagasanallas, si tuviera que lidiar ocho horas al día, cinco días a la semana, cincuenta semanas al año, con hijos de puta de tomo y lomo, y saber que volverá a tenérlos a su espalda sí o sí cada mañana, veríamos a ver cómo le quedaba de negra. Pero, en los fantasmales despachos de la plaza de la Villa, solamente le hacían mobbing a Gallardón, y ya ni eso.

¡Empanao!

Wednesday, May 21, 2008

Al final de mi calle, que en realidad es el principio, existe un simpático bar en cuya pizarra externa, en lugar del menú del día, escriben cada día una cita entretenida. La cosa puede ir desde Joaquín Sabina hasta los clásicos confuncios de rasca y pega, pero lo cierto es que suelen ser finos e irónicos en la selección. Cuando cruzo el portal de mi casa, puedo dirigirme hacia la izquierda, adentrándome en mi larga y concurrida calle, en cuyo caso no tendré sino que resolver, probablemente, algún que otro recado de barrio; o bien puedo dirigirme hacia la derecha, que es hacia donde se va al mundo, y en ese caso siempre me cruzo, antes de abandonar mi calle, mi barrio y mi última esquina, con una frasecita sin par que me tendrá unos segundos entretenido; precisamente aquellos segundos en los que uno ajusta, contra toda voluntad, los enternecidos músculos de su cara. Hoy la selección era especialmente aguda, pues refleja aquel humor que, sin llegar a la carcajada, te ayuda a llevarte mejor con tu propio corte de cara:

Yo no cuento chistes. Me limito a observar al gobierno, y a informar de los hechos

Will Rogers

Tuesday, May 20, 2008

Divertida, tierna, y no demasiado tópica

Sunday, May 18, 2008

(Al maestro Espada)



En 1917, don Antonio Machado publicó este sentido poema:

En Córdoba la serrana,
en Sevilla, marinera
y labradora, que tiene
hinchada, hacia el mar, la vela;
y en el ancho llano
por donde la arena sorbe
la baba del mar amargo,
hacia la fuente del Duero
mi corazón
-¡Soria pura!-
se tornaba... ¡Oh fronteriza
entre la tierra y la luna!
¡Alta paramera
donde corre el Duero niño,
tierra donde está su tierra!

Destaca el hipérbaton gongorino, que prolonga el dolor, el sinsentido hasta el décimo verso. De camino, y puesto que el dolor está incrustado en la forma, el texto se esfuerza por ser objetivo, didáctico, maireniano. En Córdoba, la serrana. En Sevilla, marinera y labradora. Pero el mar es amargo, babea, Soria pura, y el corazón se torna. El poema fue escrito tras el fallecimiento de su esposa Leonor, natural de Soria. El corazón, el poema y el dolor se tornan puntos supensivos, una vez que se han invertido las relaciones sintácticas. A continuación, Machado rompe a llorar, pero no se separa un milímetro de la tierra: sabe que el requisito del símbolo es su hermetismo. El dolor, con todo, no se conforma con la exclamativa. Su progresión es justa, serena y sincera. En el último verso, por fin, se quiebran las reglas. La repetición consigue que la tierra sea una palabra. El poeta, al fin, se ha convertido en poema. Y sólo así, desde dentro, consigue salir fuera: sólo así inmortaliza el poeta a Leonor, inscrita para siempre en ese clítico sin referente en la tierra:

tierra donde esta su tierra.


La solución del titular que cuelga arriba (El País, jueves 15 de mayo) reside en el verbo "trazar". En principio, su semántica oposita a dos acepciones: una principal, incluso artística, "diseñar"; y otra subsidiaria y ágrafa, "rayar, subrayar". La informatividad requerida a un titular eliminaría la más digna: jamás trazó Eta nada que no fuera sangre. No se trataría, por tanto, sino de un subrayado en rojo, salvaje y subsidiario: traza con sangre su hoja, la hoja de otro. El referente del clítico, como en Machado, se encontraría fuera del titular. Pero aquí nos damos cuenta de que eligieron la acepción principal. De otra manera, los pares del titular no serían Eta/sangre y traza/hoja; sino que el primer par, enfrentado a un sujeto salvaje y deshumanizado, debiera ser sangre/su. Su sangre. Porque el referente del clítico, contra lo que pretenden sus redactores, no es Ibarretxe.

El referente absoluto, como explicó Mairena hace cien años, siempre será Juan Manuel Piñuel.


Thursday, May 15, 2008














Obviemos el hecho de que no esté entre las mejores novelas de Roth; el que tampoco sea la mejor película de Coixet; olvidemos los incidentes con el guión, el título absurdo, el cambio de final; no importe la confesión del escritor a la cineasta, según ha declarado ésta, de que Consuela existió y de que lleva el nombre de su madre en la vida real. Ahora bien. No me comprometo a obviar, en lo que sigue, la declaración de Coixet, según le confesó Roth, de que también es cierta la dentellada de la joven sobre el miembro del escritor. Aquel: "dentelló empleando toda la fuerza de los músculos masticatorios para alzar con violencia la mandíbula inferior". Hay incisivos que no se olvidan, incluso aquellos de los que no fuimos víctimas. Ver al mismísimo Roth en ese grado de implicación impone unas condiciones de lectura de las que no siempre se sale indemne.

Se ha hablado del manierismo de Coixet. Creo que la expresión no es afortunada. Aquello a que llaman manierismo es la habilidad de Coixet para romper el tiempo del relato. Como buena barcelonesa, Coixet es una experta en representar el tedio, el tedio profundo, no el aburrimiento, sino el spleen, la sensación de haber vivido cientos de veces esa misma intensidad, siempre encaminada hacia esa misma esquina, seca y fría, hacia ese mismo hueco, mojado y solo, una experta en desabrochar la narración y mostrarnos el abismo que la engalana. Una camisa de hombre, arrugada, recorre el antebrazo de una mujer. El cristal ahumado: llueve en Nueva York. Un pétalo desde el umbral. La cámara cae de un tumbo seco. Dedos que rascan la arena del bolsillo. "No lo había pensado." "Perdona." "¿Qué voy a hacer?". La alarma del puente elevadizo repica desde el East River. A continuación, sin embargo, todo regresa al punto de partida. Ha sido un instante puntual; la trama prosigue su rumbo autónomo, porque nada ha sucedido, ni podrá suceder.

La novela de Philip Roth tiene una construcción radicalmente opuesta. Salvando la distancia, que no es pequeña, la operación de The dying animal se asemeja a la que el mismo autor levantó en Una conjura contra América. En ese libro, hay un instante en que la ficción se despega de la historia e inicia un vuelo narrativo de altura, aterrizando sobre el mismo suelo histórico hacia el final. En The dying animal, el motor de la aeronave es la sublimación sexual. El desprecio del profesor Kappasch por su alumna cubana le obliga a un ensalzamiento épico de la pasión sexual, que se constituye en la hoja de ruta de la novela, y con el que logra algunas páginas ciertamente elevadas. Coixet, sin embargo, no acepta el pacto; o no en los términos que lo propone Roth: del desprecio de Kappasch hacia Consuelo, en el libro, traspúa el desprecio hacia sí mismo; el desprecio profundo hacia sus prejuicios de viejo, hacia su incapacidad moribunda para luchar contra ellos. Por contra, en la crueldad de Kappasch hacia la Consuela de Elegy, puede leerse la crueldad de Coixet hacia Kappasch. La cineasta mantiene la mirada fija en la panza del avión, esperando únicamente a que se le baje. Ha sustituido sexo por tedio. Pero, por más que ambos conceptos se definan por su fracaso contra la muerte, el fracaso de Roth arrastra consigo el fracaso de todo etiquetaje. No creo que esperara, como respuesta, una venganza de género.

Detrás de todo ello, confiesa Kappasch, está la frustración del 68. Al fin y al cabo, el viaje de Una conjura contra América dibujaba la conquista de la democracia y la libertad. El 68. Estos días he empezado a leer Chesil Beach y, aunque es una novela menor, constata una tristeza idéntica. La gran constatación de que el sexo no fue la única conquista, sino que la única conquista fue el sexo.

Tuesday, May 13, 2008

LOS DUROS DEL PP SE ESCUDAN EN SAN GIL PARA DERROCAR A RAJOY

Como te digo una Co te digo la O: este titular, que mañana será portada de El País, me parece impecable.

Boas noites.

Congresos, ideas, espejos

Esta señora, que sabe que las ideas matan, ha marcado posición dentro de su partido. Esta otra, que en marzo llamó al debate ideológico, ha reclamado una reflexión al respecto. El actual líder del partido, miembro del núcleo duro durante el mejor cuatrienio de la democracia, acusa en su ponencia política la doblez manifiesta del nacionalismo vasco, al tiempo que reclama una reflexión sobre la imagen de su partido. Todos aquellos que no se identifican con él, por lo demás, han dejado libre el sillón.

En fin, que ya quisieran otros.